
Nací en una familia constituída tradicional. Había amor en ella, pero dañado. Mi papá era presente en la provisión, sin embargo no podía conectar conmigo como hija, yo no sentía su protección e incluso no me sentía suficiente para él. Crecí con mi autoestima muy baja, aprendiendo todo el tiempo a complacer para ser aceptada, amada. Eso me llevó a relaciones dependendencia emocional muy dañinas. El punto de inflección fue Dios. Un giro de 180° fué aprender sobre su amor redentor y 100% real e incondicional, y descubrir los nuevos caminos que tenía para mi. Aquí con el acompañamiento de “Vivir bien es posible” se hizo posible. Isaías 43:19
| Cuál es tu historia?




